No necesitas a Dios— para tener esperanza, para ser solidario, para amar, para vivir.

Esperanza, solidaridad, amor. Todos hemos experimentado estos potentes sentimientos básicos. Forman parte de lo que significa ser humanos. Estos elementos, importantes para una vida humana plena, los viven por igual todas las personas, sean o no religiosas.

Hay algunos mitos comunes acerca de los ateos, agnósticos, y humanistas seculares. Un popular mito es que las personas no religiosas son inmorales, o al menos que no se puede esperar que sean tan buenas como quienes tienen creencias religiosas. Si usted conoce a alguna persona no religiosa (y casi todos la conocemos), ya sabe que eso no es cierto. La integridad humana no depende de las creencias religiosas. Hay creyentes buenos y no-creyentes buenos, y hay creyentes y no-creyentes malvados. No se puede predecir el carácter moral de alguien sólo por sus creencias metafísicas.

Otro mito habitual es que las vidas de las personas no religiosas están vacías, carecen de sentido y están dominadas por la desesperanza. Esto también es falso. Las personas no religiosas experimentan las mismas emociones, sentimientos y sensaciones que los creyentes. Sienten júbilo y tristeza, simpatía y desagrado, dolor y placer. Tienen aspiraciones y se preocupan por los demás. Aman y son amados.

Un motivo de que este mito persista es que muchos creyentes consideran a su dios o su fe la base de emociones tales como la esperanza, la solidaridad y el amor. No negamos que las personas religiosas puedan encontrar su inspiración en sus creencias, pero nuestros amigos religiosos no deberían dar por supuesto que es necesario aceptar sus creencias para llevar una vida plena.

Nosotros, los no religiosos, tenemos vidas plenas sin depender de lo sobrenatural. Más aún, creemos que cualquiera puede encontrar sentido en una vida orientada a lo humano y centrada en el aquí y el ahora en lugar del mas allá.

Muchas personas se han distanciado de sus creencias religiosas tradicionales de modo intelectual, pero no se atreven a abandonar del todo su fe porque tienen miedo a lo que podría ser la vida sin el consuelo de sus creencias y sus ritos. Han oído mitos acerca de las personas no religiosas y podrían pensar que esos mitos son todo lo que tienen para seguir adelante.

Pero hoy en día, uno de cada cinco españoles no se identifica con ninguna creencia religiosa. Usted tiene amigos, conocidos, compañeros de trabajo e incluso familiares que ya viven sin religión. Si se ha cuestionado su fe, pero no sabe qué hacer ahora, le invitamos a que considere cuántas personas han descubierto ya que una vida vivir sin religión es una buena base para una vida rica, gratificante y completa.

Siguente: Esperanza